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Cuándo debo hacerme una revisión oftalmológica y en qué consiste

Todos somos conscientes de la importancia de las revisiones oftalmológicas para mantener una buena salud ocular y prevenir patologías o complicaciones.

Sin embargo, con frecuencia no somos conscientes realmente de en qué momento hay que acudir al especialista o cada cuánto tiempo es necesario realizar una revisión ocular en caso de no padecer síntomas particulares.

La realidad es que son las revisiones frecuentes las que permiten diagnosticar a tiempo y poner el tratamiento apropiado para muchas afecciones oftalmológicas, llegando a evitarse, en no pocas ocasiones, situaciones tan graves como la pérdida de la visión.

Los estudios demuestran que, nada menos que el 80% de los casos de ceguera que existen en el mundo actual, se podrían haber evitado, prevenido o tratado de diagnosticarse a tiempo.

Una revisión oftalmológica periódica permite no solo corregir dificultades visuales y tratar afecciones leves, sino detectar enfermedades importantes como el glaucoma, la degeneración macular o la retinopatía diabética. Pero ¿cuándo es recomendable hacerse una revisión de la vista?

Cuándo debemos hacernos una revisión oftalmológica

En primer lugar, hay que saber que debe acudirse con urgencia a consulta siempre que se observen alteraciones visuales tales como manchas móviles, destellos de luz, halos alrededor de luces o moscas volantes, ya sean estos repentinos o continuados en el tiempo.

También son motivo de consulta urgente los dolores intensos en los ojos y los golpes o traumatismos en los mismos.

Además de estas situaciones de urgencia, y según la edad de cada paciente, es conveniente que todas las personas se sometan a revisiones periódicas, que variarán en su frecuencia entre uno o dos años.

Cuándo hacerme una revision oftalmológica

Edades convenientes para hacer una revisión oftalmológica

De 0 a 3 años

En esta etapa será el pediatra quien se encargue de revisar la visión del niño o la niña.

Se recomienda una visita al especialista si aparecen síntomas particulares tales como lagrimeo y/o enrojecimiento, desviación de uno de los ojos o anomalías en los párpados, entre otros.

De 3 a 6 años

Es en esta edad cuando se recomienda realizar la primera revisión oftalmológica completa, que permitirá la detección temprana de posibles problemas visuales.

La detección precoz de estos permite que se eviten potenciales complicaciones, así como posibles futuros problemas de aprendizaje.

De 6 a 10 años

El sistema visual completa totalmente su desarrollo a la edad de 8 años, por lo que es muy importante hacer una revisión completa antes incluso de esa edad, lo que va a permitir la detección de posibles patologías, como la ambliopía, para establecer un tratamiento adecuado.

De 10 a 40 años

Lo más recomendable desde la adolescencia y durante toda la edad adulta es acudir a revisión ocular con su especialista cada dos años.

En caso de presentar problemas de visión y usar gafas o lentillas, las revisiones deben ser como mínimo anuales, o cada vez que se considere que no se ve correctamente, con idea de poder prevenir y frenar complicaciones futuras en la visión.

De 40 a 60 años

Cuando ya se entra en la fase de los primeros síntomas de presbicia y también resulta importante revisar posibles elevaciones de la presión intraocular que pudieran provocar glaucoma, las revisiones deben ser mínimo bianuales, aunque, según en qué casos, puede ser recomendable que se realicen más frecuentemente.

Más de 60 años

A partir de esta edad, las revisiones han de ser ya siempre anuales, al objeto de ser capaces de detectar posibles complicaciones como las cataratas, la maculopatía senil o el glaucoma, situaciones de importancia que pueden provocar disminución gradual de la visión.

En qué consisten las pruebas de la revisión de la vista

Debemos entender que una revisión debe ser un estudio oftalmológico completo, que tenga en cuenta todos los factores condicionantes, tales como la edad del paciente, sus antecedentes familiares o su historial clínico.

Una vez que se haya completado este historial médico y familiar, se procederá a realizar la batería de pruebas pertinente.

Exploración con lámpara de hendidura

Esta prueba oftalmológica va a permitir analizar toda la estructura del ojo incluyendo la córnea, el iris, el cristalino y el vítreo.

Gracias a ella pueden detectarse las cataratas, incluso cuando el paciente aún no tiene síntomas.

Agudeza visual

Por medio de una tabla de lectura optométrica con figuras y letras, se va a poder determinar la nitidez con las que el paciente ve, es decir, su capacidad para enfocar las imágenes que percibe.

Refracción

Por medio de la colocación de una tabla optométrica a una distancia de unos 6 metros del paciente, y realizando correcciones mediante diferentes tipos de lentes, el oftalmólogo podrá evaluar el tipo de enfoque que realiza el paciente y, de este modo, obtener una graduación correcta.

Con esta prueba se puede prescribir en una receta con la corrección correcta que deberán tener los cristales de las gafas, en el caso de que se presente cualquier defecto refractivo, ya sea miopía, hipermetropía, astigmatismo o presbicia.

Sequedad ocular

Para valorar el grado de sequedad ocular, durante el estudio, también se evaluará el sistema de drenaje de las lágrimas.

De este modo podrá determinarse la calidad y cantidad de lágrimas que se segregan de forma natural, valorándose así la calidad de la lubricación de los ojos.

Esta prueba suele recibir el nombre de "prueba de ojo seco".

Motilidad ocular

Esta prueba ocular permite conocer el estado de la capacidad de movimiento de los músculos del ojo.

Es una prueba muy importante, ya que va a determinar si la posición de ambos ojos es adecuada o no, así como datos relevantes sobre su paralelismo y coordinación.

Tonometría

Es quizás una de las pruebas más importantes en una revisión, ya que su objetivo es conocer la presión intraocular.

Mediante un tonómetro de aire sobre la córnea, que en ningún momento estará en contacto directo sobre el ojo, se podrá conocer, rápidamente y de modo fiable, la tensión ocular, valor fundamental para el diagnóstico, control y tratamiento del glaucoma, afección grave que puede llevar incluso a la ceguera.

Tomografía de Coherencia Óptica (OCT)

Se trata de una prueba que se realiza mediante una técnica muy avanzada de imagen, por la cual se va a conocer el estado del fondo de ojo.

Esta prueba aporta información sobre toda la estructura de la retina, la mácula y el nervio óptico.

Campo visual

Es una prueba algo más específica que el oftalmólogo solicitará solo en los casos en que se detecta un problema en la visión central o periférica.

La revisión de la vista, por tanto, nunca debe descuidarse; procurando, en la medida de lo posible, cumplir con la frecuencia de revisión sugerida por los especialistas y sometiéndose a todas las pruebas que garantizan un protocolo seguro de prevención y tratamiento de las principales alteraciones y enfermedades oculares.


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